
Esta linda frase nos invita a desarrollar una habilidad muy valiosa en nuestras relaciones interpersonales: la escucha activa. A menudo, nos enfocamos en responder a lo que la otra persona está diciendo, en lugar de intentar entenderla verdaderamente. Si aprendemos a escuchar para comprender, podemos fortalecer nuestros vínculos y fomentar un diálogo más efectivo y significativo.
Además, al escuchar con atención, podemos abrirnos a nuevas perspectivas y ampliar nuestra comprensión del mundo. Podemos aprender mucho de aquellos que piensan diferente a nosotros y, en última instancia, eso nos ayuda a crecer como seres humanos.
En resumen, si queremos tener relaciones más auténticas y significativas, es fundamental que aprendamos a escuchar para comprender, no solo para responder.
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